Desde muy pequeña me he caracterizado por hacer lo que quiero y decir lo que pienso sin prestarle atención a la opinión de los demás, siempre he tenido muy claro que no necesito la aprobación de las personas para hacer o decir algo; si me provoca ir al supermercado usando ropa de dormir, lo hago (y lo he hecho), si hiciste algo que no me pareció correcto, te lo digo (y lo he dicho), sin pena ni mucho adorno, me parece que de esa manera se vive mejor. No estoy de acuerdo con las personas que viven del "¿Qué dirán?", entiendo que no hay que ir a los extremos, es decir, no debemos meternos en los asuntos que no nos incumben simplemente por dar nuestra opinión, ni vamos a ir a misa desnudos porque nos provoca, todo tiene su momento, su lugar y hay maneras de decir las cosas, a lo que yo me refiero es a suavizar un comentario o cambiar de opinión por evitar una mala cara, un mal momento, por vergüenza, o lo que es peor aún, por "quedar bien"; en una oportunidad estaba cenando con un grupo de amigos en un restaurante, a uno de ellos le sirvieron una ensalada distinta a la que había ordenado, cuando le dije que hiciera el reclamo para que se la cambiaran, su respuesta fue: "No chama, me da pena fastidiar, yo me como esta y ya", lo cual me pareció absurdo, ¿Vas a dejar de comer lo que quieres por pena?, pana, estás pagando por un servicio, tienes derecho a, de buena manera, exigir. Día a día me fijo en el deseo de las personas por obtener la aprobación de otros, se guardan opiniones, molestias y cualquier otro sentimiento, llenándose de frustraciones sin necesidad; Stop! Di lo que piensas y haz lo que quieras sin importar lo que digan, los que de verdad te aprecian, valorarán tu sinceridad y si no lo hacen pues es su problema, no el tuyo; si lo que te divierte es ir en pijama a la farmacia o la panadería, entonces hazlo, ¿Te miran de manera extraña? Gran cosa!, todo es cuestión de actitud y diversión, la vida es un ratito, ¿Lo vas a pasar preocupado por lo que digan los demás?.
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